sábado, 3 de abril de 2010

DUELO




Juan Pedro-Akela

Amada deseoso me acerco a ti para saciar tu dolor
y beber de tu herida, la de la muerte,
la de la vida.
La de la muerte que nunca cicatriza…

Y miro tu rostro ajado por el dolor,
y veo brotar de tus ojos lagrimas como albaricoques,
que caen dejando oír el estallido de tu dolor,
el dolor de la herida, la de la muerte que no cicatriza.

Y bebo de tus labios, la sal que derrama la herida,
la de la vida.
Lagrimas torrenciales que no sacian sed alguna
y no consuelan y no curan la herida, de la muerte que no cicatriza.

Por Caty mi amada en el dolor de Dolores.