miércoles, 4 de junio de 2008

UN AMIGO PARA SIEMPRE

Otro cuento que da miedo en más de un sentido, otro cuento horrendo, pero bien intencionado, ado, ado, ado.... No se corten y lean, discretamente este cuento tiene un FIN.


UN AMIGO PARA SIEMPRE.


El sol otoñal, a una hora temprana, se esforzaba por calentar con suave caricia calorífica, el relajado rostro de Arturo.

Arturo con los ojos cerrados, más callado que un difunto, está sentado en un banco de piedra ennegrecido por la humedad y agrietado por los años, se concentraba en uno de sus cinco sentidos. Sin mucho esfuerzo, el silencio que le rodeaba le dejaba oír fácilmente el trinar de los pequeños pájaros que revoloteaban entre una arboleda, ora en un ciprés, ora en un árbol del Paraíso, después sobre el sauce llorón. Aspiró de una forma intensa, en un intento de relajación y sintió en ese mismo instante, un aroma a mil flores, que le hizo recordar una primavera perdida, de algún año de su vida; pero la frescura de la hora temprana y un lastimoso y triste toque de campana, le hizo abrir los ojos y ver la actividad y el ajetreo de personas en movimiento. Arturo quedó pensativo, y se dijo así mismo.

- “Es curioso como en los cementerios, se dejan oír las pisadas, y la estruendosa voz del agua, al caer en el cubo transportador, para saciar la sed de las flores agonizantes, que darán color a un mármol frío, donde están grabados nombres y apellidos del pasado. Y todo éste movimiento, en el día de Todos los Santos, aquí en el cementerio. ¿Qué necesidad tienen, de todo esto? “

Arturo es un hombre ya jubilado hace algunos años, acostumbrado a la soledad desde su infancia, época esta, olvidada de forma voluntaria por él. Jamás hizo un mínimo esfuerzo por recordar, sus primeros pasos en la vida. Siempre ha sido un hombre solitario, tranquilo, callado y poco solidario. Encerrado en si mismo, en su cuerpo carcelario, nunca quiso asomarse por las ventanas de sus ojos, en busca de amistad.

La verdadera razón por la que se encuentra en un día como hoy en este banco, situado estratégicamente en mitad de este artificial valle de lágrimas, de donde puede ver una importante variedad y cantidad de cruces, que conforman una maraña de colores y formas, que dan a los ojos de nuestro jubilado una composición abstracta. Al final del cementerio puede divisar un falso horizonte, de pequeñas ventanas opacas, coronadas con círculos de flores. Aunque Arturo sigue mirando pero sin observar, la actividad decoradora que hay en su alrededor, no se atreve el plantearse porqué está allí. La verdad, es que nuestro amigo( que así podemos llamarlo) aunque él no lo sepa, se ha acercado en el día de hoy a este respetado sitio, por la necesidad de ser querido y el temor en días como hoy, de pensar cuando su nombre esté escrito en piedra, que nadie le llevará : flores, lloros y oraciones.

-Buenos días, caballero, déjeme sentarme aquí a su lado, para poder disfrutar de éstas vistas tan hermosas, en este día de fiesta.

Arturo, creía, pensaba, que ya nada en esta vida le sorprendería; quedó sorprendido, al ver al extraño hombre que le saludó de esta forma tan peculiar y sorprendente.

-Sí, puede sentarse, buenos días.

Los ojos de Arturo, no podían dejar de mirar, de una manera descarada al nuevo
compañero de banco, con sus vestimentas tan coloristas, donde abundaban los colores primarios, era todo él, como una pintura de Miró, pero lo más sorprendente es que por un instante, los ojos de Arturo se cruzaron con los del recién llegado, descubrió en ellos una sombra, como jamás la había visto en un ser humano.
Bastaron cinco minutos de silencio entre los dos, para que Arturo venciera el pavor de esos ojos de hondura negrura, y se sintió aliviado. Sin más preámbulo el recién llegado se puso a comentar de una manera rápida,(como quien lee un texto y lo tiene aprendido). En la cabeza de Arturo se amontonaban las palabras y las frases que tan extraño personaje le comentaba, sin poder poner orden del mensaje que de él recibía. Porque, lo que nuestro amigo escuchaba, era algo parecido a esto:

-Cada día que pasa me encuentro un sol y pierdo una luna, me encuentro una luna y pierdo un sol. Ellos estaban aquí: Sol, Luna, Tierra... tú acabas de nacer y ya te has ido. En verdad, la vida es un corto sueño que te ofrece la eterna muerte; por todo esto mi consejo es, que no debemos de cansarnos de ver soles y contar lunas, que no sea esto para los ojos una cosa monótona, porque el nacimiento, es un principio, que busca un fin.
Esta es la esencia de la vida; vivir para poder morir; y una vez muerto, todo será

olvido, sin saber que un día, nacimos para no volver.

Arturo algo alterado, nervioso y puede que confundido, por el aluvión de ideas recibidas, del colorista recién llegado, le contestó de una forma casi grotesca, debido al tono de voz elevado, para el lugar donde se encontraban.

-Pero, en ese pequeño lapso de hermoso sueño, que puede ser la vida, está lo importante, el saber vivir y tener la gran esperanza, puesta en el Universo con su dios, para que los deseos de las personas se conviertan en eternidad.

Yoelfín, así se hace llamar el interlocutor de Arturo, le pregunta.

-¿Para ti qué es la eternidad?- Arturo le responde de una manera impulsiva, sin apenas reflexionar la pregunta.

-La eternidad son horas, repetidas en un reloj hasta el infinito, porque el tiempo es parte de un dios del Universo y quizás somos un corto sueño de ese dios del tiempo.

Nuestro amigo jubilado, nuestro hombre solitario, se da cuenta de que no comprende nada, de lo que él mismo acaba de decir; pero no le preocupa en absoluto, pensaba que hablar por hablar no estaba mal de vez en cuando.

-Yoelfín, así me llamo, ¿Y usted?

-¿Yoelfín?, yo soy Arturo.

-Arturo, ¿Tiene usted mujer?

-No.

· Sabe usted, ¿Qué tiene la vida, sin amor de mujer?

· No.

· Hombre, sin saber que hacer.

Arturo no hizo ningún comentario al respecto, le pareció una impertinencia las dos
preguntas, del recién llegado. A Yoelfín le inquietaba el silencio de Arturo y atacó con una nueva pregunta. -Puedo deducir Señor, que para usted la vida es ¿Como un sueño?

-Para responder a su pregunta, señor...?

-Yoelfín.

-Señor Yoelfín, no sé, lo que puede ser la vida, pero si le voy a recitar un trabajo de mi
más temprana juventud en el colegio, uno de los pocos recuerdos de mi pasado, lo titulé precisamente Sueños de Vida, y dice así:

Los ojos se engrandecen y abrillantan,../ al aparecer en el rostro el arco que forma la
sonrisa,../ en los labios rosados, de la mujer que sueña./Y es feliz soñando./ En su pecho se advierte un tan, tan de tambores../ felices, provocados por un corazón rosado/Porque es feliz soñando./La luz acaricia sus hermosos cabellos, dorados/ella es feliz por no haber despertado, y salta a la comba/ y sigue jugando, porque es niña y como tal./Sigue soñando./ Crece y crece, sin a pena darse cuenta,/porque todavía no ha despertado./Un día se deja la comba, otro, se olvida de haber jugado,/ por no darse cuenta de haber despertado./El amor pasa por su lado y a la mujer amada,/le acaricia sus hermosos cabellos dorados,/ su hombre bien amado./ El tiempo pasa, no sabe de lo soñado, ni de lo jugado./El tiempo ¡ Ya ha pasado ! /Sus cabellos son ahora, blancos/ entonces se acuerda de sus sueños pasados./ Empieza a soñar y es feliz soñando,/ su hora está cerca... no se da cuenta,/ porque es feliz soñando y no ha despertado.../.

El silencio se hizo presente, una vez Arturo terminó su canto poético. Los dos se pusieron de acuerdo y al mismo tiempo, en dejar de mirarse, durante algunos minutos.

Arturo se esforzó por oír de nuevo, el trinar de los pájaros, pero se lo impedía el sonido
seco y precipitado del agua, al caer en los sonoros cubos de plástico. El olor a mil flores era ya exagerado, no podía distinguir el aroma, de todo aquello que tenía a la vista, el del clavel, el del crisantemo, el de la margarita, el de la rosa y el aroma de algunos colores más, cuyos pétalos, Arturo no conocía su nombre. Las personas andaban precipitadas, en sus pasos y en sus pensamientos, atareados en la limpieza y las mejoras de imprevistos por embellecer los nombres labrados en el frío mármol; bajo esos nombres, bajo la losa, hundidos en la tierra misma, envoltorios de unas vidas pasadas. Se sonrió al ver dos niños compitiendo, producto de su inocencia, por encontrar la tumba que tuviera la fecha más antigua. Nuestro amigo se armó otra
vez de valor, para poder mirar los ojos, de su acompañante.

Yoelfín hace rato que le estaba mirando y en silencio, por lo que nuestro amigo Arturo, al girar la cabeza no pudo evitar un pequeño sobresalto.

- Arturo, no está mal el poema que me ha recitado, eso si, lleva mucho -ado- pero reconozco que algo, me ha gustado.

· Gracias, Yoelfín. Por tanto (ado) el profesor me dio de lado y me vi cateado.

Los dos se dedicaron una breve y esforzada sonrisa. El recién llegado tenía ganas de saber más sobre la vida de Arturo, cuando estaba apunto de preguntar por su vida y su persona, nuestro buen amigo, se desato en palabras en un acto de liberación y auxilio hacia Yoelfín:

-Mire usted, Yoelfín, no se pregunte así mismo, que hace un anciano solitario sentado en este frío y húmedo banco en el día festivo de Todos los Santos, y sin tener a nadie por el que llorar o recordar. Porque ni yo mismo lo sé. Sólo le puedo decir, que lo de este día, aquí en el cementerio, es novedad en mi vida. Mis pasos en esta vida han sido semejantes, a la fábula del Gusano que llegó a ser Mariposa.

-Cuente, cuente usted esa fábula, Arturo-le comentó Yoelfín, en un trato más familiar y de confianza hacia el anciano. Arturo asintió con la cabeza dándole un si muy callado, cerró los ojos en un esfuerzo por recordar el inicio del pequeño relato. Empezó a narrar la historia:

-“ Hubo un tiempo en el que vivió un simple, feo y blando gusano, en comunidad con
muchos otros de su especie, en un gran árbol. Pero éste feo gusano, estaba triste, porque los días pasaban y el se desesperaba por la llegada del gran día, en que dejaría de ser gusano, para transformarse en algo maravilloso. Y así trascurrieron los días, entre suspiros, de pensar que era un simple, feo y blando gusano. Un día al despertar, se sintió muy feliz y pensó, hoy es el gran día. Empezó rápidamente y sin saber porque, a dar forma a un capullo de seda, se cubrió así mismo y quedó dentro de la madeja que había tejido, cansado y estresado, esperando el nuevo amanecer. A los dos días y en una mañana primaveral, el capullo se abrió, salió del mismo volando torpemente hacia lo más alto del cielo, un nuevo ser. No era gusano; era una hermosa
mariposa. Voló y voló, reía felizmente de ver que estaba volando, era feliz por su belleza y de ver que con su esfuerzo había llegado a lo más alto. Podía ver desde su altura de vuelo, allá abajo su antigua casa, el árbol con sus envidiosos gusanos.

Pero, no tuvo que pasar mucho tiempo, para que la mariposa, se sintiera un poco triste. Añorando su casa, la que fue aquel árbol donde vivió con sus compañeros, los feos y blandos gusanos; compartiendo comida, amistad y peligros juntos. Ahora la hermosa mariposa, volaba, comía y evitaba los peligros, sola. “

Moraleja: No por llegar a lo más alto y ser el más guapo, es uno más feliz.

Una vez terminada la pequeña narración de Arturo, Yoelfín se precipitó en aclarar y averiguar la relación de esta alegoría con el anciano.

-Y, dígame ¿Qué tiene usted en común, con el gusano o con la mariposa?

Preguntó nuestro extraño hombre colorista, (por los colores de su traje. Rojo, amarillo y
azul).El anciano, nuestro jubilado, giró el torso de su cuerpo, hacia Yoefín e incluso en un acto impulsivo le dio una palmada en las rodillas de éste, antes de la corta explicación de la fábula.
Pero, al contacto de su envejecida mano, con la rodilla del nuevo amigo, le recorrió por todo el brazo un brutal escalofrío; de una forma rápida y enérgica, se sacudió la mano en un intento de borrar esa extraña sensación, al tocar la rodilla de Yoelfín.

- Al gusano lo relaciono con mis primeros años, en el orfanato, compartiendo las
injusticias y penalidades con los de mi misma condición, mis compañeros y amigos. Pero el tiempo no es que cure, simplemente nos hace olvidar, y cuando alcancé los treinta y tantos, triunfé (laboralmente hablando), gracias a mi esfuerzo personal, me convertí en mariposa. Esta condición de mariposa, me hizo desconfiado, egoísta, lo peor de todo; en un hombre solitario.

Yoelfín, hizo un claro gesto con su rostro, dejando ver a su amigo Arturo, un evidente
acuerdo y entendimiento sobre la fábula y su explicación. En ese mismo instante concentraron su vista y su atención los dos compañeros de banco, en una hilera de lamentos, formada por personas abstraídas de todo aquello que les rodeaba y las mujeres enlutadas, gemían llantos sonoros; a la cabeza, delante de todos, el coche fúnebre, dentro un aburrido y desesperado conductor, que miraba su reloj en un intento de calcular, cuando podía hacerse un cigarrillo. En la parte trasera del vehículo y cubierto por coronas florales, se encontraba la caja donde un envoltorio de vida que apenas llegó a los treinta, descansaba en silencio.

· Pobre muchacho impetuoso e impulsivo, se mató ayer tirándose desde la ventana de su casa, lo peor de todo, fue su desesperado arrepentimiento a mitad de la caída.
Comentaba Yoelfín mientras se cogía del brazo de Arturo. Nuestro amigo ni se inmutó ni se enteró del estrechamiento físico y familiar con Yoelfin.

-Claro! Por esta razón está usted aquí, en el cementerio, es familia o conocido del joven difunto que van a dar sepultura, ¿Verdad?.- dijo Arturo, al que ya no le asustaba esos ojos profundos, ni sentía ese escalofrío al estar cogido de su brazo.

-No, amigo mío, no soy familia de este joven, la verdad es que no tengo familia, al igual que usted.

-Sabe, Yoelfín, estoy cansado, dicen algunas personas que la vida es amor, yo a mi edad y con la experiencia de vida que tengo, ni siquiera amo ya el aire que respiro.

-No se preocupe, Arturo, levantémonos, es hora de partir, en mi tendrá un amigo para siempre.

Los dos cogidos del brazo se levantaron del banco húmedo del cementerio, Arturo se sintió aliviado de un gran peso , se vio a si mismo, como dormido en ese banco, mientras permanecía de pie, junto a su nuevo amigo, fue entonces cuando nuestro amigo jubilado comprendió el verdadero significado del nombre de YOELFíN:


YO soy EL FíN.

Juan Pedro-Akela. (Año 1999)