jueves, 20 de marzo de 2008

EN ORIHUELA, UN NIÑO ME ESPERA.



Ya que estamos en Semana Santa, pongo un poema que habla sobre mis recuerdos en Orihuela (Alicante) lugar de nacimiento, unos recuerdos de mí niñez no podría ser de otra manera… donde la Semana Santa toma un protagonismo especial. Está escrito en el año 1999 uno de los últimos que escribí.
Dedicado a Orihuela (“su pueblo y el mío”) Y a todos los Oriolanos ausentes.

EN ORIHUELA, UN NIÑO ME ESPERA.

“ ORIHUELICA DEL SEÑOR ”
( Lugar de Nacimiento )
En los limites de Alicante
entre higueras y campanas,
infancia y recuerdo constante.

¿Qué es lo primero que tú, ves?
Tramado de hierro, “Cruz de la muela”
y mi pueblo, siempre a sus píes.

Entre las huertas Oriolanas,
colmenar de cien campanas.
Orihuela, mí ventana
teñida de negra sotana.

Y en lo alto como santuario
casa de curas, rezos y santos,
solemne y serio, el Seminario.

Huerta, campana, higuera,
flor de azahar, hojas de limonar;
en Orihuela un niño, me espera.

Alegre cantaba el Segura,
alegre el jilguero, cantaba.
Mi recuerdo, alegre perdura.

En mí sexto año cumplido,
con seis suspiros de vida,
de Orihuela, yo me despido.

¿ Acaso ese niño que fui,
nunca se alejó de mí ?

¿ Acaso ese niño que fui,
nunca se olvidó de mí ?

¿ Acaso ese niño que fui,
lo llevo dentro de mí ?

En Orihuela un niño quedó...

PRIMER DÍA DE COLE/.../

¿ Acaso ese niño que fui, nunca se olvidó de mí ?

El viento me susurra suave su lamento,
en una mañana otoñal, cuando el silencio
se deja oír y solo, mi corazón siento.

Con pan blanco en la mano( mi alimento)
cara al sol y recién peinado,
en el portal de mi casa y junto a mi gata,
recuerdo tener lo huesos helados
y sentir del sol otoñal, su beso forzado.

El silencio, la pobreza y la sencillez, se mastica.
La calma y la niñez, se vive y se practica.

¿ Acaso ese niño que fui, nunca se olvidó de mí ?

El tiempo con sus días, me arrebató
mi casa, mi gata y un simple peinado,
en aquel portal húmedo y escalonado
en una mañana otoñal de frío ingrato.

Sentí en mi corazón el crecer de las canas,
cuando de la mano de mi madre, fui llevado preso,
y vendido por mi amado padre, con un beso,
a las sotanas negras y los toques de campanas.

¿ Acaso ese niño que fui, nunca se olvidó de mí ?

Don Carmelo raspa la pizarra, tiza en mano:
dibuja un puente cubista, cristiano y romano,
roto y estropeado por uno de sus dos lados.
Los niños de tiza flaquitos, flaquitos
por el roto del puente, al fuego eterno caen;
¡Por no cumplir los Diez Mandamientos!

Escuchar la verdad que os cuento,
porque desde aquel recuerdo del puente,
del fuego y los niños de tiza cayendo,
esto que os digo, no es cuento. ¡Ya no miento!

RECREO EN EL COLE/.../ .

En el patio del Oratorio, pegado a la peña
cánticos desarreglados de niños, el viento se lleva,
el cura guardián ¡ aterrado! nos hace la Santa seña,
y con mano alzada, chilla el pecado de Eva.

La dulce figura impávida de una Virgencita,
allá en el fondo del patio, dentro de la negra cueva,
rodeada de palomas, con su “ manto de caquitas.”
Madre de Dios, Santa Madre, María Auxiliadora,
junto a tu voz (Don Antonio Roda )
he visto como las madres te lloran, María Auxiliadora.
¿ Acaso ese niño que fui, nunca se alejó de mí ?

El Iris aparece milagroso en los sentidos de un niño,
cuando por vez primera el Arco-Iris me hace su guiño.
“Que llueva, que llueva la Virgen de la Cueva...
Los pajaritos cantan...” y los niños se desbandan,
del megáfono de Don Antonio Roda, que nos manda
a clase y sola con sus palomas queda, la Virgen de la cueva.

Solo se deja oír en los charcos la lluvia mañanera,
con furor besa los finos cristales el chaparrón,
y el rudo patio, sin sus risas infantiles, no es lo que era.
Un niño asustado(que soy yo) espera que “se hunda la Estación...”

¿ Acaso ese niño que fui, nunca se alejó de mí ?

Con blancas y azules rayas
de mi telar envoltorio,
voy con mi alegría al Oratorio.

Canto a la Virgen de la cueva
canto a Adán y a la bella Eva,
cantos de enjambre de vocecillas
impasibles, que Don Carmelo,
apacigua con dulce caramelo.

¿ Acaso ese niño que fui,
nunca se alejó de mí ?

DOMINGO DE PALMA Y RAMOS

De las puntiagudas Palmeras.
Su destino; ser madres solteras,
vestidas de riguroso luto,
viudas, de su dorado fruto.

Palmeras, puntas de lanzas,
dormidas en la oscuridad
de sus apretados ramajes,
a la espera de la libertad
de su pálido secreto,
para ser modeladas
en blancas formas de arte.

Con mis cinco dedos infantiles
te tengo, te domino, te aprieto
y me asustan tus perfiles,
de tus cien puntas al viento.
¿ Acaso ese niño que fui,
lo llevo dentro de mí ?

Engalanada con lazo
mi palma albina,
con lazo de Paz y olivo
su seco destino, no adivina.
( y yo pronto olvido.)

Nacida en la oscuridad,
arrebatada a su madre,
vendida junto a sus hermanas.
Tienen su día de gloria
con jubilo toque de campanas.
En Domingo de Ramos
se abrazan en la catedral,
de mi tierra Oriolana.
En manos inocentes entregadas,
esbeltas palmas, trigueñas,
tenéis las horas contadas.
En balcones y enrejadas,
como broche ornamental
agonizareis, colgadas.

SEMANA SANTA , “La Dulce”

En jueves Santo, silencio, silencio.
Las mujeres de luto y peinetas
cantoras del rosario de la aurora,
con sus amarillas luces bailadoras,
alumbran paso a paso, vela a vela,
la carita de un niño que se desvela.

Las rodillas se precipitan al suelo,
¡Silencio! Ya no hay consuelo;
los ojos del niño como blancas lunas,
miran el fino ataúd de cristal
y descubre dentro (como en los cuentos)
un joven príncipe que yace muerto.

Solo se deja oír el derramar de las velas,
derrame caliente en hilera, del agua-cera
en ordenadas gotas, por las aceras.

“Que pálido y seco príncipe, con su melena”
Piensa un niño en silencio, pero sin pena.
Las calles, enlutadas de sombras de velas
que claman silencio, y yo sin cena...

¿ Acaso ese niño que fui, lo llevo dentro de mí ?

En viernes Santo: Silencio, caramelos,
aromas de colores y río de nazarenos.
Son carnes vivas, de la historia de un condenado,
las imágenes pulidas, de los troncos tallados.
Mi recuerdo de niño, perdura hoy en día:
los aromas florales, en su agonía.

Terciopelo florido, con sus colores
a los pies de los troncos tallados,
un manto cosido de mil flores.

A las puertas de Santa Justa y Rufina
(mi pila Bautismal)
veo, venir el dulce baile, de las “alforjas”
que la colorista Vesta, aglutina
en amasijos, de dulce sabores.
¡Y esos capirotes !
de ojos vacíos que te miran,
¡ Qué escalofrío !

Extendiendo sus manos
un niño con ojos despiertos,
(duda si el Santo le ha mirado)
y es feliz al ser recompensado,
por un puñado de caramelos
que da el hombre de fe y paso sereno,
del callado y buen Nazareno.

¿ Acaso ese niño que fui,
nunca se olvidó de mí ?

EN LA GLORIETA

Mi niñez, gustosa se presta,
a contar lagrimas secas de Ficus
en aquel suelo, de mí Glorieta.
Palomas, fuente cantora, columpio pavoroso,
de todo un poco.

El niño y un anciano, en un banco,
cara a cara, y sin miedo, nos miramos,
como dos mundos distantes,
en ese mismo lugar, en un mismo instante.
Gloria a mi pueblo por su Glorieta,
porque allí, Dios ahoga, pero no aprieta.

¿Acaso ese niño que fui, nunca se olvidó de mí ?

Las blancas palomas de la Glorieta
se las ve volar, algo inquietas,
a la espera de Carmen “la tata,”
que el destino le regaló una cesta
llena de hijos, a cuatro patas.
“Carmen de los perros”
amontonaba, doradas pepitas
del pan, (dorado alimento).

Y sus hijas emplumadas,
la cubrían de blanca Paz y fresco viento,
en un gesto agradecido por su diario alimento.

Gloria a mi pueblo por su Glorieta .
porque allí, Dios ahoga pero no aprieta.

RECUERDO DE UNA TARDE

Y entre piedras centenarias
de templo y convento,
entre cánticos de plegarias,
corre mi niño contento

a implorar los recortes
del inmaculado alimento,
a las hermanas, del silencio.

Y de regreso a mí cubil,
la piedra del molino (que muele pimentón)
llena de sordo sonido mí callejón,
desembocando un aroma teñido
de rojo y dulce pimentón.

Y la tarde va cerrando sus ojos
y la noche abriendo los suyos...

¿Acaso ese niño que fui, nunca se olvidó de mí ?

A la luz, de las lamparas esquinadas
a la luz, de la luna virgen (sin pisadas)

Disponen: Pan, aceite, vino
y unas pelotas con sangre
bañadas en caldo caliente,
donde al limón derraman
para que tengan, sabor Divino.

A las puertas de sus casas
en noches estivales comulgan, la cena
las alegrías y alguna pena.

Y mí niño empieza a dar la lata,
con su humilde tambor de hojalata
atado a su modesta cuerda de pita,
que siento la piel que me irrita.

Buenas noches...
Juan Pedro ferrer.- 1999